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Como ya es costumbre cada año la Revista COMETA realizará el concurso de murales entre los distintos planteles educativos, esta vez teniendo como referencia el tema de las leyendas.

Es por eso que a partir de esta edición les daremos a conocer varias leyendas tradicionales para que los estudiantes que quieran participar conozcan más sobre el tema y puedan tener grandes ideas para el concurso.

Una de las tradiciones más ricas de la cultura ecuatoriana es la leyenda. Aquellas mágicas historias que nos llevan a un mundo imaginario donde todo es posible.

La leyenda de Cantuña, del Padre Almeida, la Casa 1028, el Gallo de la Catedral, la Caja Ronca, entre otras son asombrosas historias que han ido pasando de generación en generación a través del mágico arte del relato.

Así que es para nosotros un gusto darles a conocer a todos los niños estas leyendas que les ayudarán a conocer más a fondo nuestra cultura y rescatar las tradiciones que se han ido perdiendo.

La leyenda de Cantuña

Se dice que hace muchos años atrás cuando se construía el atrio de la Iglesia de San Francisco trabajaba un indígena llamado Cantuña, que era el responsable de terminar la obra.

El tiempo pasaba y la obra no se concluía, Cantuña era amenazado con ir a prisión si no terminaba la obra a tiempo y esto lo ponía muy nervioso.


Pero un día, cuando regresaba a su casa salió de entre las piedras un pequeño hombrecillo vestido de rojo, con nariz y barba muy puntiagudas que con voz sonora le dijo: Soy Satanás, quiero ayudarte. Yo puedo terminar el atrio de la iglesia antes de que salga el sol. A manera de pago, me entregarías tu alma. ¿Aceptas?

Cantuña, que veía imposible terminar la obra a tiempo le dijo: Acepto, pero no debe faltar ni una sola piedra antes del toque del Ave María o el trato se anula.

De acuerdo - respondió Satanás. Decenas de diablos se pusieron manos a la obra y trabajaron sin descanso.

Cantuña, que miraba con miedo cómo se iba terminando la obra se sentó en un lugar y se dio cuenta de que faltaba una piedra.

Fue entonces cuando sonó el Ave María y al faltar esa piedra para terminar la obra logró salvar su alma.

El diablo, muy enojado, desapareció y Cantuña además de salvar su alma pudo ver terminada la obra que se conserva hasta hoy.

 


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